“¿Sentido en la tragedia?”

 Cuando ocurre una tragedia, es habitual que la gente se pregunte: “¿Qué significa esto?”. Cuando presenciamos alguna catástrofe o un asesinato colectivo, existe un sentimiento natural de que lo que ha sucedido no debería haber ocurrido. Esta sensación innata de “maldad” es una pista del significado de estos acontecimientos. Cuando tratamos de encontrar un sentido a la tragedia, debemos tener la perspectiva adecuada. Necesitamos abordar el tema de una manera que permita una respuesta coherente, y esto sólo es posible a través de una cosmovisión cristiana. Puesto que Dios da sentido a cada momento y acontecimiento de la historia, a través de Él podemos empezar a encontrar sentido al sufrimiento. La naturaleza de este mundo es propensa a los acontecimientos trágicos. Afortunadamente, Dios nos habla para que podamos encontrar no sólo el sentido, sino la salvación y el alivio de los sufrimientos del mundo.

Al estudiar el movimiento físico, es fundamental comprender la perspectiva. La velocidad y la aceleración sólo tienen sentido en relación con algún otro objeto; este objeto es el punto de referencia. La forma en que se mueve el punto de referencia afecta a nuestra percepción. Lo mismo ocurre con nuestro sentido del bien y del mal. Para que los conceptos de bueno, malo, correcto, incorrecto o tragedia tengan sentido, tienen que estar anclados a un punto de referencia que no cambie ni se mueva. El único punto de referencia válido para estos temas es Dios. El mismo hecho de que consideremos que un asesinato colectivo es incorrecto, respalda firmemente la idea de que Dios es el punto de referencia para nuestro sentido del bien y del mal. Sin Dios, incluso los acontecimientos que consideramos más trágicos no tienen más sentido con respecto a cualquier otra cosa. Tenemos que entender la naturaleza de este mundo y nuestra relación con Dios para poder extraer algún significado de las cosas que vemos.

Dios impregna de significado cada momento y cada acontecimiento y nos da la confianza de que Él entiende lo que estamos viviendo. Cuando Jesús instituyó la comunión, unió el pasado, el presente y el futuro. Primera de Corintios 11:26 dice: “Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa (presente), la muerte del Señor anunciáis (pasado) hasta que él venga (futuro)”. El conocimiento de Dios de todos los eventos significa que nada es insignificante para Él. Si Dios sabe cuándo cae un gorrión, ciertamente sabe cuándo enfrentamos una tragedia (Mateo 10:29-31). De hecho, Dios nos aseguró que tendríamos aflicciones en este mundo (Juan 16:33) y que Él ha experimentado nuestras luchas personalmente (Hebreos 2:14-18; Hebreos 4:15).

Aunque entendemos que Dios tiene el control soberano de todas las cosas, es importante recordar que Dios no es el origen de la tragedia. La gran mayoría de los sufrimientos humanos son causados por el pecado, y muy a menudo por el pecado de otras personas. Por ejemplo, un asesinato colectivo es culpa del asesino que desobedece la ley moral de Dios (Éxodo 20:13; Romanos 1:18-21). Cuando tratamos de encontrarle un sentido a un acontecimiento como éste, tenemos que entender por qué este mundo es como es. Las dificultades de este mundo fueron causadas originalmente por el pecado de la humanidad (Romanos 5:12), el cual es siempre una cuestión de elección (1 Corintios 10:13). Aunque Dios es perfectamente capaz de detener las tragedias antes de que empiecen, a veces decide no hacerlo. Aunque no sepamos por qué, sí sabemos que Él es perfecto, justo y santo, y así es Su voluntad. Además, el sufrimiento que experimentamos en este mundo hace tres cosas. Nos lleva a buscar a Dios, desarrolla nuestra fortaleza espiritual y aumenta nuestro deseo de ir al cielo (Romanos 8:18-25; Santiago 1:2-3; Tito 2:13; 1 Pedro 1:7).

En el jardín del Edén, Dios habló a Adán y se comunicó de forma clara y directa, no con conceptos abstractos. Dios nos habla hoy de la misma manera. En cierto modo, éste es el significado más importante que se puede encontrar en cualquier tragedia. Los acontecimientos trágicos demuestran gran parte de su significado por la forma en que reaccionamos ante ellos. C.S. Lewis dijo: “Dios nos susurra en nuestros placeres, habla en nuestra conciencia, pero grita en nuestros dolores. Es su megáfono para despertar a un mundo sordo”. Esto no significa que Dios provoque la tragedia, sino que utiliza nuestra reacción a la tragedia para hablarnos. Los acontecimientos trágicos nos recuerdan no sólo que vivimos en un mundo imperfecto y caído, sino que hay un Dios que nos ama y quiere para nosotros algo mejor de lo que el mundo puede ofrecer.


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